miércoles, 29 de octubre de 2008

Ménage à trois o el tóxico tinto

Me llevó a aquel bar por la plaza Santa Ana, donde ese grupo tocaba música en vivo, guitarra, bajo, batería fuerte y el cantante coqueto.
Íbamos saliendo (saliendo, sí… saliendo), unos tres meses; y el tierno latino de casta descendencia siciliana sabía cómo encantarme, antes y después de la música, antes y después de las guitarras, los bajos y la batería fuerte… antes y después del bar. Antes y después. Siempre.
Sin duda la pasábamos bien. Y salíamos (salíamos, sí... salíamos).

‘Ese grupo me sorprende’, pues era cierto, el grupo era bueno, y a él le fascinaba. Me llenaba de sonrisas verlo complacido, entre el vino, la música; lo que más le gustaba en sus manos : en la derecha el vino, en la izquierda yo.
Yo lucía un vestido negro, ceñido, con cierto jaspeado retro, como aterrizada de un ayer… muy lejano. Mi vestido retro, la música…retro… mis emociones, retro…
Algo llamó mi atención de repente, la silueta gris pero envuelta en beige, y todo él era beige y dorado, ¿o lo veía dorado yo? ¡Ironía retro! Era Sebastián, y me pareció había vuelto de no grato trajinar. Llevaba un año fuera por temas que no me supe enterar con claridad, ya que para entonces nuestra amistad se había convertido en intercambio de e mails de escasas palabras. Nos volvimos egoístas con nosotros mismos. Egoísta yo, más egoísta él.
‘Nena, ¿Conoces a ese flaco?’.
Mi mirada lo confesaba, sin pronunciar palabra alguna. Pero tenía que decir algo que lo afirmara con prudencia e hipócrita soltura: ‘¡Claro!, no me ha visto, me acercaré a saludarlo.’, y lo hice con ahogante emoción, cada paso me llenaba los ojos de desmedido deseo. Deseo y deseo.
Yo creo llevaba unos kilos demás –confieso-, y lucía mi cabello mucho más largo; el largo que el largo año de su ausencia había permitido. Largo. Largo el tiempo mi querido Sebastián. Mi siempre querido. Mi siempre añorado chico de olor a musk.
No pude evitar estremecer al ver sus ojos convertidos en luz cuando me reconoció, y estoy segura que los míos entonces se volvieron arco iris, después de tanta lluvia sobre todo.

‘¡Sebastián!’… y el abrazo respectivo, el abrazo más fuerte de lo que esperaba, el abrazo que necesitaba.
Me preguntó entonces con su singular ‘poco interés’: ‘¿Estas sola, como siempre dices estarlo?...’. Y río, percatándose que el tierno caballero de infantes ojos cielo me esperaba con dos copas en la mesa diez, la de la esquina, con el mantel rojo. ‘Pues no, vengo acompañada, ¡vamos!’, no queriendo que así sea, se lo pedí, moría por estar con él, moría (y mataba) por querer estar sólo, sólo con él. ‘Bien vamos, y me presentas a tu nuevo novio…’.

‘Diego, él es Sebastián’… logré decirle entre el ‘De Doo Doo Doo De Da Da Da…’ musical. Diego era especial, pero es todo lo que Sebastián no es. Y yo hace buen tiempo que sabía que Sebastián era todo. Todo para mí.
‘Vaya, ya te conozco al fin, por un momento pensé que fuiste fantasía’, lo dijo con cierto y extraño celo, como premonición de un ‘quizás ahora ya no serás fantasía’.
Mi ménage à trois. Por un lado el castaño ojos café express, y por otro el castaño ojos cielo. Extraña compañía en esa noche inesperada, en la mesa diez de la esquina del Viva Madrid.

Nunca antes percibí tan locuaz a Sebastián, es como si la sorpresa de verme le hubiese caído tan bien, o era que simplemente no quería que mi acompañante pronunciara más palabras. Y entonces, la pregunta del fondo de cajón… ‘¿Y ustedes desde cuando son novios?’, lo preguntó y me echó un guiño. ‘No somos novios, con Diego nos conocimos hace tres meses, en su exposición de arte en el Museo de Cera.’, le dije con extraña calma y entonando cada palabra como queriendo se entere que ‘aún estoy sola, como siempre’. Y bien, Diego agregó lo necesario ‘la vi y no dudé en invitarle un café, y desde entonces salimos, y si le sigo cayendo tan bien a esta nena, pues yo creo que será mi novia’. Me hizo sonreír aquello, pensando en que Diego era especial, en que siempre tenía los cumplidos más sobrios y precisos para mí, y que jamás temía decirlos, que no tenía el miedo que Sebastián siempre tuvo, que tenía el atrevimiento emocional que yo siempre anhelé de quien amé.

Cabernet sauvignon suficientes para perder el equilibrio, demasiados para mi cordura. Las copas llenaban la diez con el mantel rojo, y yo ya me estaba alejando de aquellas. El tinto alcanzó cubrir mi tino. ‘¡Vuelvo!’, y tenía que irme, arrojar un poco de lo que me sobraba, ¿será este tóxico sentimiento, o será el tinto?; no lo sé, de lo que sí estaba segura, era que las ganas de levantarme –huir- de esa hipócrita mesa, me sobraban. Saliendo del servicio, me di cuenta que quien estaba en el vestíbulo era él, había salido a mi búsqueda según me confesó: ‘Ven, ya no vuelvas a esa mesa.' ¡Inesperado!. Inesperado tú Sebastián. Inesperado tu encuentro. Inesperado lo que me pides.
‘Lo siento, he venido con…’ Y no pude continuar, porque antes de que pronunciara el nombre del chico de dulces ojos cielo, selló mis labios con el resto de su tinto, en el resto de mi tinto. Un beso, siempre esperado beso de ti Sebastián. Inesperadamente esperado todo tú.
Lo solté, y corrí, corrí a la mesa del mantel rojo de la esquina del Viva Madrid, corrí cerca del ‘Now i dont hardly know her…But i think i could love her…', coreando ‘crimson and clover, over and over…’, pretendiendo ensordecerme dentro. Corrí, para encajarme en sus brazos…’over and over…’. Corrí para calmar el alboroto que habían conseguido aquel resto de tinto en sus labios con el resto del mío. ‘Diego, me siento mal…muy mal, vamos’, le supliqué mirándolo a los ojos, y apretando sus largos dedos y uñas bien cuidadas. Él entendió lo que pedía, él siempre entendía. Hasta comprendía.
Al llegar a casa mis ojos no pudieron evitarlo más. ¿Lluvia después del arcoiris?... Llorar. Llorar después de mucho tiempo, y añorar y despreciar y añorar otra vez, ese instante del inesperadamente esperado beso de tinto. A despreciarlo porque no quería sólo eso, y a añorarlo y añorarlo para que me acompañe toda la noche, hasta despertar en brazos de otro.
Otra vez mi sublime y traicionero… ménage à trois.
-Me cobija y cierro los ojos.-

martes, 21 de octubre de 2008

En una línea directa al infinito

Me gusta escucharte,
Porque tú también lo haces,
Porque acaricio tus palabras en tu voz,
Deseando rozar tus labios.

Me gusta buscarte,
Porque sé que te encuentro,
Porque mientras te busco, tú me encuentras;
Porque mientras te espero, tú me piensas;
Porque te pienso y tú me esperas.
Y esperamos vernos para el regalo más destellante del día.
Para escucharnos sin tocarnos,
Para vernos sin abrazos,
Para sonreír sin besos,
Para nuestro sueño confirmar…
Y echarnos de menos mientras dormimos,
Y dormir mientras soñamos,
Y te conviertes en el guardián de mi sueño,
Gobernando en la anarquía de un tal vez o un quizás…
en una línea directa al infinito.